lunes, 7 de mayo de 2018

Capítulo 13

Aprovechando la distracción de sus padres, Kalani atravesaba el salón para irse a buscar a Cristian a dónde sea que este se marchó. Su frágil figura se perdía entre las decenas de danzantes de gran estirpe, que se movían por la pista con elegancia. La orquesta tocaba en un sitio reservado para no entorpecer a nadie con sus instrumentos musicales. Los violinistas, el pianista, y la soprano… se desenvolvían con tanta fluidez, que la melodía era digna de reyes. Estos gozaban de una fama, entre los de su especie. En especial, los europeos, que preferían la música clásica a la actual.
Atravesó las puertas dobles, sin que algún guardia le pisase los talones. Por doquier, los efectivos de las diferentes Casas Reales, vigilaban con celo cada esquina o pasillo del palacio. Durante esas horas, no existía la rivalidad entre los Eternos, ni el temor a que sufrieran un atentado que los aniquilase a todos de un plumazo. Las medidas de seguridad, no solo recaía sobre ellos, sino que la tecnología, con sus lentes ópticos y sensores, les colaboraba en gran medida.  
Por ese motivo, Kalani carecía de un guardaespaldas que le respirase en la nuca. Se requería de la máxima vigilancia para que el agasajo concurriese sin inconvenientes. Por extensión, ella no tendría a uno que la vigilara, sino a cientos…
Olfateó el aire, percibiendo el perfume que dejaba Cristian, tras de sí. Había salido hacia los jardines internos del palacio; quizás para vigilar, junto con sus compañeros, el perímetro.
La noche estaba fresca, con la brisa meciendo con suavidad las copas de los árboles y su cabellera. El otoño había embellecido la naturaleza, cambiándolas a las habituales tonalidades de la estación. Sobre todo, la grama que pisaba, cubierta por múltiples hojas rojiamarillas, que caían de los abedules y, del cual, le provocaba quitarse las sandalias y caminar descalza sin que nadie se lo prohibiera. Los pies le dolían por no estar acostumbrada a usar ese tipo de calzado. Prefería los tenis por su comodidad, que no le causaban molestias ni llagas martirizantes. Si para verse bonita, tenía que sufrir, lo declinaba.
Sonrió en cuanto halló a Cristian, fumando un cigarrillo bajo un roble de follaje rojo. Se lo veía relajado, pensativo, observando las infinitas estrellas que se desplegaban por el cielo nocturno.
Kalani se acercó, tan sigilosa, que ni las hojas secas que pisaba, se resquebrajaban, y rodeó el tronco donde este recostaba su espalda.  
—¿Tienes permitido fumar durante tu guardia? —preguntó con socarronería, apareciendo de pronto en el campo visual de afroamericano.   
Cristian se sobresaltó y arrojó el cigarrillo al suelo de forma instantánea.
—Carajo, ¡qué susto me diste! D-Digo: alteza… —corrigió mientras apagaba la evidencia con la suela de su zapato.
Se había escapado de su puesto para apaciguar el trago amargo acabado de pasar. Necesitaba tomarse un minuto y reordenar sus pensamientos antes de que los grandes Señores percibieran la perturbación que le azotaba. 
Kalani rio, divertida.
—¿Qué haces por acá?, ¿escondiéndote? —esperaba que no de ella.
, pensó Cristian, sin revelarle en voz alta para no lastimarla.
Pero, a cambio, respondió:
—La necesidad de una calada es apremiante. —El vicio que traía desde su etapa humana, no le afectaba su raciocinio, aunque, en ese instante, sí.
La princesa aspiró el humo que aún permanecía alrededor del pretoriano, causándole curiosidad.
—¿Me das uno? —experimentar todo lo que fuera posible antes de fallecer. ¿Por qué no un cigarrillo? De cáncer de pulmón no moriría…
—¿Y de paso, le invito una copa de whisky? —Cristian graznó con sarcasmo. Los adolescentes y sus ansias de crecer siempre era una verdadera molestia.
—Solo es uno —replicó Kalani poniendo los ojos en blanco—. Quiero probar.
—No.
—¿Qué daño me va hacer?
—Ninguno, pero no seré yo el que la inicie en el vicio. —A diferencia del licor que embriagaba a los seres de la noche, fumar, no repercutía en daño alguno. Solo calmaba las ansias de beber sangre, o…
Se atormentó de lo que por su cabeza pasaba.
Era censurable.   
Tal revelación hizo que Kalani arqueara las cejas.
—Actúas como si fueras mi hermano mayor —y ella no pretendía que él se comportara de esa manera.
La brisa hizo que uno de los mechones, se cruzase por el angelical rostro de la princesa, provocando que un millar de pensamientos pecaminosos mortificase al vampiro.  
—Vuelva a su baile, alteza, que yo me quedo en mi sitio —dijo conteniendo lo que se le removía por dentro. Que se regresara y lo dejara en paz, con su vergüenza interna. Lo que esta le despertaba, levantaría severas críticas.
—¿Y eso sería en dónde? —Kalani inquirió, poniendo sus en la cintura, para darse una pose más airada.
—En las sombras —respondió el otro.
—Solo si me concedes un deseo. —replicó la joven, dando un paso hacia él.  
Cristian carraspeó para cortar cualquier «nota» romántica y dio un paso atrás.
—Ya lo hice… —Bailar con ella, fue como caminar por la cuerda floja. En algún momento caería a sus pies.
La jovencita cabeceó. Ese fue el primero en su lista. Seguía el más ansiado…  
—Concédemelo y dejaré de molestarte —ya vería después cómo se las arreglaría para orbitar siempre a su alrededor.
Cristian se removió en sus pies.
—¿Y sería…? —preguntó aprensivo.
Llenándose de valor, Kalani avanzó otro paso, acercando sus labios a los suyos. Con esa acción el afroamericano captaría su deseo silente.
—Eh… —el pretoriano carraspeó, eludiendo a la joven—. Será mejor que vuelvas a adentro. Si tu madre se da cuenta de tu ausencia…
—Está entretenida con sus amigos.
—Lo mismo deberías hacer tú. Ve con ellos.
—No son mis amigos.
—Pues trata. Son… —¿Petulantes?— buenas personas.
 —Tal vez, pero a mí me interesa uno —replicó sosteniéndole la mirada. Que la estampara contra el árbol y le diera un arrebatador beso francés.
Cristian tragó saliva.
¡No lo hagas!, se reprendió a sí mismo. Un error del que le costaría la vida.
Kalani, cansada de que este se hiciera el desentendido, le robó un beso, tomándolo desprevenido.
Cristian abrió los ojos como platos.
¡Carajo!
La Híbrida lo besaba, con ese halo inocente de la juventud divina. Era inexperta, dejando sus labios tiesos, sin saber qué hacer con ellos. Aguardaba a que Cristian la secundara y la guiara hasta un punto del cual ninguno de los dos podría retornar de una sola pieza. Su delgada figura temblaba, pegada al fuerte torso, aferrándose a él para que no la apartara y la dejara con las ganas.
Pero Cristian librara una batalla interna que eclipsaba las guerras más sangrientas. Debía hacer lo correcto, y no permitir que una joven alocada le despertara su hombría.      
La apartó con rudeza.
—Lo siento. Está mal. —Entabló distancia, mirando para todos lados por si alguien los había observado—. Vete. Vuelve con tus padres, que aún te falta crecer.
—No soy una niña —Kalani se cruzó de brazos, enojada. ¿Qué era para ella la niñez? Siquiera la había vivido un par de días. Saltar a la adultez le tomaría un respiro.   
Cristian suspiró, cansino.
—Sí lo eres…
La joven meditó que, para ser el primer beso, fue bastante patético. Infinidad de veces se imaginó, besando a su enamorado en los mejores paisajes, con la música de fondo y el aire acariciando su melena. No de esa manera, tan parca, cargada de temor o rechazo.
Le dio la espalda para impedirle que la viera llorar. Su mejor fantasía le había explotado en la cara.
—Déjame sola —pidió con voz rota. Lloraría unos minutos y luego retornaría adentro como si nada hubiera pasado. Era una princesa con temple de acero, que algún día tendría que afrontar peores retos.  
Pero Cristian le llevó la contraria.
—Lo siento, pero en vista de las circunstancias, tendré que escoltarla. Aquí no estarás sola. No así…
—Estaré bien. Hay ojos por todas partes.
Y con eso se refería a que más de uno había visto el beso, consideró Cristian. Sus días estarían contados si alguno de ellos se iba de lengua.
—De todos modos, vamos.
—Ya te dije que no.
—Alteza…
—Si no te marchas, gritaré. Mis guardaespaldas vendrán en el acto.
—¿Los que nos vigilan? Ellos explicarán a la reina lo que pasa.
Kalani se volvió con los ojos inyectados de sangre. Tan rencorosa como su madre.
—¿Estás seguro? Soy una princesa.
—Correré el riesgo. No te dejo sola. Es mi deber escoltarte de vuelta.
—¡Qué te largues! —sus lágrimas bañaban sus mejillas. A pesar de sus gritos, los guardias no los interrumpía, quizás, aguardando hasta que ella lo ordenase.   
Cristian sintió pena por la muchacha.
—Kalani…
Pero esta detestaba escuchar excusas. Le urgía gritar, estar sola y escapar…
Obedeciendo a un arrebato de rabia, atravesó el jardín interno, eludiendo a los soldados que intentaron detenerla sin lastimarla.
—¡KALANI! —Cristian la llamó preocupado. ¿Para dónde se pensaba marchar?
La siguió y saltó el muro que rodea el palacio, con disparos que pasaban por sobre su cabeza, y la alarma sonando detrás de él.
La Híbrida salía a un mundo del cual ella desconocía.
Kalani corría a través de las calles solitarias y avanzaba hacia donde la vista le alcanzaba. Por esa noche, haría lo que le diera la gana. Estaba enojada, humillada, para tener que soportar discursos de moralidad o etiquetas sociales. Solo quería un beso con el chico que le gustaba. No una propuesta de matrimonio del que todos se escandalizaran.
De súbito, sintió que la atrapaban y la encerraban unos brazos musculosos.
—¡SUELTAME! —chilló, removiéndose con rudeza. El condenado pretoriano tenía las zancas más largas que las suyas, y eso que ella era alta.
—Hasta volver. Me harán picadillo si te dejo ir.
Kalani gruñó.
—Porque eso es lo único que te preocupa, ¿eh? Tu pellejo.
—No. Me preocupas tú.
No obstante, un psiball, salido de las penumbras, golpeó por la espalda a Cristian, quién se arqueó por el dolor y luego cayó inconsciente en el pavimento.
Kalani gritó.
Alguien, que se mantenía en su anonimato, los había seguido para matarlos.
Quiso huir de allí, pero temió por la suerte de Cristian.
Sin embargo, su dilema fue resuelto.
Desde el mismo punto, dos esferas luminiscentes, volaron hacia ella, golpeándole el pecho con violencia.
Kalani cayó al lado de Cristian, inerme ante dos sujetos que estuvieron acechándola desde hacía meses, y del que, pacientemente aguardaron a que, un descuido como ese, les permitiera lograr sus objetivos.
Atrapar al engendro del traidor y la alemana.



Volver.

Un capítulo extra por esta semana. 
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8 comentarios:

  1. No me esperaba esto los portadores se van a llevar a Kalani y a Christian? Wow quede picada 😫😫😫😫

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    1. Hay que tomar en cuenta que Oron no se iba a quedar de brazos cruzados con el nacimiento de la niña.

      Gracias por comentar. :D

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  2. Me muero muerta , esto si que no me lo esperaba , dios , tonta de kalani en salir corriendo . Pobres lo que les espera .

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    1. Es solo una adolescente que pasa por una dura prueba del destino.

      Un abrazo fuerte, bella. :D

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  3. Esto no me lo esperaba que la estuvieran vigilando,ahora mi pregunta es quienes serán y Donovan la salvará?

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    1. Será interesante el encuentro con este. Hummmm... Tengo que afilar el lápiz... :D

      Gracias por pasarte, Marisol.
      Un abrazo fuerte.

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